¡Vámonos con Dios!

CRONICA DEL PRESENTE

Euclides Gutiérrez Félix (informació[email protected])

¡Vámonos con Dios!

Esa frase, con apenas tres palabras, quedó registrada en nuestra memoria entre otras muchas, como recuerdo de los meses que el autor de esta columna pasó en prisión, cuando desembarcó por Playa Caracoles en febrero de 1973, Francico Alberto Caamaño Deñó, prócer de la República, que encabezó el Gobierno Constitucional que enfrentó la abusiva e inolvidable intervención de las tropas de los Estados Unidos de América por órdenes del Presidente Lyndon Johnson.

Escuchamos muchas veces a los presos detenidos por diferentes delitos, decir ¡Vámonos con Dios! expresión que tenía, al parecer, el objetivo de levantar los ánimos para poder enfrentar la soledad, el olvido y la penuria a que estaban sometidos. Ahora frente a la difícil situación que vive el pueblo dominicano y frente a un futuro que nos parece incierto y peligroso, recordando aquellos momentos, solo podemos decir ¡Vámonos con Dios!.

Hemos protestado, dejando constancia, del rechazo a las peligrosas afirmaciones externadas por destacadas figuras políticas del escenario hispanoamericano, en relación con el dramático momento que vive nuestro país como consecuencia de una sentencia dictada por un tribunal dominicano, en ejercicio de soberanía, que persigue organizar y regularizar la presencia de una inmensa migración de naturales haitianos, estableciéndose y asentándose en territorio nacional. Y decimos que el momento es dramático porque Francia, Canadá y los Estados Unidos de América han decidido poner en ejecución el viejo proyecto de unificar al conglomerado humano que es Haití con los dominicanos, convertidos en una real y palpable república, que tiene más de 150 años de haber sido fundada por el movimiento encabezado por Juan Pablo Duarte y los Trinitarios el 27 de febrero de 1844.

Ahora es necesario reseñar esta noticia publicada en diferentes medios escritos de nuestro país: “Haitiano mata a machetazos hijastro de 9 años”. Señalando en otras líneas de esa información, que Manuel Bastián, de 60 años de edad, admitió haber asesinado a su hijastro, nacido en territorio dominicano, porque la mamá del niño, haitiana también, le había echado una brujería para vender su alma al Diablo; brujería que preparó un nacional de Haití y que fue pagada por su concubina para ponerla en ejecución. “Para muestra basta un botón” dice un viejo refrán, al parecer, de origen español, episodio que recoge la absoluta y real verdad de lo que es el pueblo haitiano, que no ha podido salir de esa triste y dura realidad expresión tenebrosa del atraso social.

Cerca de diez millones de seres humanos viven en horroroso estado de pobreza y de ignorancia, en la parte occidental de la isla de Santo Domingo. Y Canadá, Francia y los Estados Unidos de América, para fusionar el pueblo dominicano con los haitianos, han logrado, de palabras, el respaldo de importantes figuras políticas del escenario regional hispanoamericano, y también abiertamente por el archipiélago colonial de islas del Caribe, con poblaciones que pertenecen a un organismo económico de carácter internacional, que actúa bajo la tutela y el mandato político de esas tres poderosas naciones. El asesinato de un niño de 9 años por su padrastro haitiano, es solo una muestra de lo que le quieren imponer a la República Dominicana obligándola a cargar sobre sus hombros, el peso siniestro y aterrador del conglomerado humano que tiene por nombre Haití.