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La sociedad del espectáculo

2 minutos de lectura

Por JUAN T H

Vivimos en La sociedad del espectáculo. ¡Desgraciadamente!

En el prefacio del libro “La esencia del cristianismo” del filósofo alemán Ludwig Feuerbach, considerado padre del “humanismo ateo”, leemos: “Y sin duda nuestro tiempo prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser…lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado”.

La cita aparece en el famoso libro “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord, quien afirma que: “El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de la elección ya hecha en la producción y su consumo corolario. Forma y contenido del espectáculo son de modo idéntico la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente. El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna”

Y añade: “Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos”.

La obra de Guy Debord en el año 1967 cuando la internet, el móvil y las redes sociales no existían creando la “infocracia”, como la llama el filósofo y ensayista Byung-Chul Han.

Estamos atados al móvil, dependemos de sus contenidos a través de las redes sociales, adocenados, transculturizados y alienados, desinformados y robotizados, esclavizados creyéndonos libres en La sociedad del espectáculo.

La sociedad del espectáculo nos ha convertido en seres indolentes;  como dijera Jorge Luis Borges de los argentinos, que eran individuos, no  ciudadanos, con un nivel de insensibilidad inhumano por completo, vemos  “en vivo y directo” como en cualquiera de las plataformas de Google, Israel comete un genocidio en la Franja de Gaza matando a más de cien mil palestinos sin que nos duela; cómo Estados Unidos secuestra al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, invade a Irán, amenaza con ocupar Cuba, impone aranceles unilaterales a sus socios tradicionales y con ocupar Canadá, Panamá y Groenlandia, entre otros, sin que el mundo se levante ante la amenaza que representa el sociópata misógino de Donald Trump.

Aunque un sismo nos conmueve y nos aterroriza, al igual que las inundaciones, las tormentas de frío y de calor, los huracanes y los tsunamis, forman parte de los espectáculos propios de la naturaleza en los que Dios no interviene para evitar las tragedias humanas.

En la sociedad actual la muerte y la sangre forman parte del espectáculo.

En La sociedad del espectáculo los “reality show” se nos presentan como la “telerrealidad” falsa, embrutecedora y enajenante, para mantener sumida a los telespectadores apegados al televisor o al celular como zombis con el sentido crítico anulado por completo.

La ignorancia es el caldo de cultivo perfecto para mantener vigente el espectáculo, a tal punto, que, influencers sin educación ni cultura, han hecho del espectáculo un “reality show” político donde resalta la obscenidad y la vulgaridad que consumen los adocenados de las clases más bajas de la sociedad.

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