Por JUAN T H
La democracia representativa existe en los países donde se organizan unas elecciones libres, plurales y transparentes donde el pueblo acude a las urnas para elegir a las autoridades que los gobernaran durante dos, cuatro, cinco o seis años, dependiendo de lo que establezca la Constitución política, instrumento jurídico que establece las normas que sirven para organizar una sociedad.
Es así como elegimos al presidente, vicepresidente, senadores, diputados, alcaldes y concejales. Ellos reciben un mandato del pueblo. Los funcionarios, ministros, gobernadores, directores generales, etc. son designados por el poder ejecutivo, es decir, por el presidente de la República.
El Congreso, dividido en dos cámaras, diputados y senadores, forman el Primer poder del Estado, aunque no funcione como tal; luego le siguen el Ejecutivo, que en la práctica se convierte en el Primer Poder del Estado y el Judicial, que, aunque constitucionalmente es “independiente”, pero en la práctica depende del Ejecutivo.
Se supone que los tres poderes del Estado son independientes uno del otro. (En teoría, porque en la práctica el Ejecutivo funciona como primer poder del Estado por ser jefe de la administración pública, con poder para designar a los ministros, viceministros, personal diplomático y los jefes de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas, entre otros, que son poderes facticos, como lo son las iglesias y la prensa, llamada el Cuarto Poder del Estado)
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) gobernó el país durante 20 años durante las cuales modificó la Constitución Política transformando al Estado en su composición política. Por razones que no son propias analizar en esta ocasión, hizo lo que consideró correcto, aunque no fuera así, porque esos 20 años la corrupción administrativa impidió el desarrollo y fortalecimiento del Estado como estructura orgánica ética y moral. El PLD cargó con lo bueno y con lo malo durante sus 20 años, durante los cuales, repito, la corrupción fue el eje fundamental. Sus dirigentes “entraron al gobierno en chancleta y salieron en Yipeta”, dijo el pueblo.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), un desprendimiento del PRD ganó las elecciones del 2020 en medio de la pandemia del Covi-19 que hizo estragos en todo el mundo, una guerra y un Estado quebrado por el saqueo del PLD. Había que actuar con prontitud y responsabilidad para sacar el país del hoyo en que lo dejaron las administraciones del PLD por espacio de 20 largos años. La hazaña le correspondió al recién electo presidente Luís Abinader. ¡Y lo hizo! ¡La gente parece haberlo olvidado, pero Luís Abinader sacó el país de la crisis ética y moral en que lo dejó el PLD!
Gracias a esa labor, el pueblo reeligió al presidente Luís Abinader y al PRM, con un 57%, otorgándole mayoría en el Congreso y las alcaldías, para que continuara transformando el país conduciéndolo hacia el desarrollo.
Significa que el presidente Abinader y el PRM tienen una misión histórica que cumplir: Continuar adecentando y desarrollando el país realizando las transformaciones que demandan las circunstancias.
El presidente Abinader y el PRM no pueden dejarse chantajear ni extorsionar por grupos minoritarios anclados en determinadas plataformas digitales y redes sociales, muchas de las cuales están siendo manejadas, subrepticiamente, por grupos políticos y económicos de la oposición.
El Código Penal, Napoleónico, hace años debió ser modificado. El PLD no lo hizo. El PRM debe hacerlo. La sociedad lo demanda con urgencia.
El destacado jurista constitucionalista, que ha participado en la elaboración y corrupción de importantes proyectos de leyes, Olivo Rodríguez Huerta, dijo, en el programa “Nosotros a las 8”, que conduzco junto al destacado comunicador George Rodríguez, que “estamos ante un Código moderno, revolucionario que pone al país en el siglo 21 que debe ser aprobado y promulgado lo antes posible”.
Siendo así, y creo que así es, considero que las cámaras legislativas están en el deber de aprobar el Código en la fecha establecida, y promulgado por el presidente Abinader, sin ceder a las presiones de pequeños grupos atrincherados en plataformas digitales y en las redes sociales, donde todo el que tiene un móvil es un “experto” en béisbol, política y economía.
PD: Como dije recientemente: presidente Abinader, gobierne, contra viento y marea, si es necesario, en favor del pueblo dominicano. Usted tiene una misión histórica que cumplir. No se deje presionar, chantajear ni extorsionar por grupúsculos de la oposición atrincherados en las redes sociales. Esos grupos fueron los mismos que dejaron el país en un pantano ético y moral, de aguas negras. ¡No lo olvide!


